El código morse, la telegrafía, aprende y practica el CW


Rincón de herramientas y aprendizaje para el más fascinante sistema de comunicación de todos los tiempos

Te damos la bienvenida a este pequeño espacio donde descubrir, conocer y aprender el código morse que cuenta ya con más de 170 años de historia. Además de un breve repaso sobre la historia del código y su evolución podrás ver y escuchar cómo suena su alfabeto, iniciarte en su aprendizaje con un sencillo método, conocer su especial jerga de abreviaturas y señales para establecer comunicaciones o QSO y aprender y practicar copiando o recibiendo el código mediante ejercicios con grupos aleatorios de todo tipo, indicativos, abreviaturas y titulares que se actualizan con frecuencia, a la velocidad y tono que quieras. También puedes convertir cualquier texto en audio morse mediante el generador / conversor / traductor. Con el manipulador puedes simular la transmisión del código mediante el ratón o el teclado del ordenador o conectando un manipulador externo, y finalmente en las secciones software y enlaces encontrarás una selección de los más útiles recursos sobre aprendizaje del código morse, la telegrafía y CW (onda contínua) en general.

La comunicación mediante el código morse es un arte especial y único que siempre ha intrigado a quienes la han conocido. La idea de enviar y recibir, para luego traducir sin ninguna ayuda electrónica o informática, ideas y pensamientos a través de pulsos, sonidos, golpes o luz intermitentes que conforman un código representando al alfabeto, siempre ha despertado curiosidad y ha estado envuelto en cierto halo de misterio y enigma. A pesar de estar actualmente superado por las modernas tecnologías, el morse sigue desafiándolas como un medio alternativo, independiente, simple, robusto y efectivo.

Junto con la electricidad y el despliegue del cableado terrestre y más tarde mediante el uso de las ondas hertzianas y la radio (CW), el morse constituyó ni más ni menos que la base de las comunicaciones modernas y de la radioafición, embrión de las primeras promociones de ingeniería en telecomunicaciones en todos los países. Al contrario de lo que se supone, el código morse no solo no está desfasado sino que sigue vivo y es más utilizado hoy en día que nunca a pesar del abandono de su uso oficial o comercial e incluso en la eliminación de su conocimiento por parte de la propia radioafición. Cierto: el morse es antiguo, tiene más de cien años, pero barre a todo lo existente cuando lo demás falla.

El sistema de puntos y rayas que conocemos todos y con el que identificamos al morse (Samuel Morse y Alfred Vail, 1838), es en realidad una representación gráfica de pulsos, cortos y largos, que representan caracteres y que proviene de los primeros tiempos de la telegrafía eléctrica terrestre. La incipiente electricidad combinada con el recién creado código dió como resultado el primer sistema estandarizado de comunicación instantánea a distancia en una época en la que ni siquiera se había inventado aún la bombilla eléctrica. Se expandió y adoptó rápidamente en todo el mundo y en sus primeras estaciones receptoras (registros) los mensajes originalmente aparecían literalmente impresos con estos signos en cintas de papel para ser luego traducidos.

En poco tiempo (década de 1840) se hizo patente por los operadores, y por el propio Vail, de que este último paso de imprimir el código (señales cortas, largas y espacios) se podía obviar simplemente por la experiencia, escuchando los golpes del artilugio que imprimía los signos, aprendiendo a traducirlos directamente, por lo que el impresor para cinta o registro dejó de usarse a favor del receptor telegráfico, resonador acústico o sounder (una de las primeras aplicaciones prácticas del electroimán) que, reforzado acústicamente, convertía los impulsos eléctricos en golpeteos (un golpe cuando el electroimán se activaba y otro golpe cuando cesaba la corriente, o lo que es lo mismo, un golpe cuando el corresponsal pulsa su manipulador y otro golpe cuando lo suelta).

Receptor telegráfico o resonador acústico (sounder) y manipulador
Receptor telegráfico o resonador acústico (sounder) y manipulador

Por citar algunos, desde 1729 se tiene constancia de los primeros experimentos con telegrafía electrostática como los desarrollados por Stephen Gray, o con botellas de Leyden en 1746 como los de Kleist y Musscheubroek, Charles Marshall (1753), Lesage (1774), Agustín de Betancourt (1787), Francisco Salvá (telégrafo electroquímico con pila de volta 1795), Harrison Gray Dyar (electrolítico de una sola línea 1826), Thomas Sammuel von Soemmerring (de aguja basado en el de Salvá 1832), Paul von Schilling (primer telégrafo electromagnético 1832). También se desarrollaron multitud de otras invenciones telegráficas eléctricas usando otros códigos como por ejemplo los inventados por Steinheil (1837 electromagnético de aguja) un año antes que el de Samuel Morse, Cooke y Wheatstone (1837 - de agujas), Hughes (1855 - teclado e impresión), o Baudot (1874, teclado de cinco teclas), predecesor del ASCII, con versiones que luego se utilizarían para el teletipo (Télex, TTY) y radioteletipo (RTTY) hasta fechas muy recientes como máquinas de escribir punto a punto interconectadas y bastante sofisticadas.

Sin embargo el sistema que terminó expandiéndose y estableciéndose de forma arrolladora fué el código morse sea cual fuese el medio por el que se enviase y supuso una revolución sin precedentes en las comunicaciones. En la década de 1850 se comenzaron los tendidos de miles de kilómetros de cables submarinos que, aunque con muchos problemas iniciales, supusieron la interconexión de continentes enteros además de los tendidos terrestres ya existentes en todo el mundo y que iniciaron la comunicación prácticamente instantánea a nivel global.

A pesar de que los puntos y las rayas es la forma más popular y conocida para representarlo, en la actualidad esta forma solo es útil a efectos de una primera comprensión del alfabeto por su abreviación gráfica. Con la llegada de la radiotelegrafía (CW) (1900), en lugar de los golpes del resonador, se terminaron usando los pulsos sonoros o tonos interrumpidos, la forma en la que todos reconocemos el morse hoy en día. Hay que abordar su aprendizaje como el de un nuevo idioma o algo parecido a estudiar música, donde lo más importante es el sonido, cadencia y ritmo de cada caracter compuesto por combinaciones de señales cortas, largas y espaciados.

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En los primeros tiempos de la radiotelegrafía las primeras emisiones se realizaban mediante chispas, descargas de arcos eléctricos entre bornes metálicos que provocaban las llamadas ondas amortiguadas, ondas entretenidas, radiofrecuencia con un ancho de banda muy grande y con una enorme cantidad de interferencias. Con las mejoras en electrónica este sistema se sustituyó por la onda contínua o CW (Continuous Wave), sinónimo desde hace décadas de morse y radiotelegrafía, y que en realidad es un modo de emisión en la que una señal de radio (portadora) de determinada frecuencia se modula con una onda normalmente senoidal de determinada amplitud, interrumpiéndose o no al compás del propio código.

Para iniciarnos es imprescindible centrarnos desde el primer momento en el cómo suena y no en cómo se representan mentalmente los caracteres de forma gráfica, ni mucho menos en estar contando puntos y rayas. La telegrafía y el morse supusieron un enorme avance tecnológico y social que cambiaron por completo las comunicaciones en general y que influenció incluso en la forma de redactar los titulares de prensa en el periodismo de la época donde ya se venían usando las abreviaciones entre telegrafistas para la transmisión de noticias y que, aunque ya no se recuerde, terminó por incluirse en el idioma cotidiano utilizándose en todos los ámbitos, transacciones de todo tipo, actividades comerciales, servicios marítimos, militares, policiales, de salvamento, inicios de la radioafición, etc.

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Después de décadas de uso intensivo y efectivo de los servicios telegráficos y radiotelegráficos, éstos fueron sustituyéndose paulatinamente por los avances que siguieron, ya conocidos por todos, y que hace tiempo superaron al viejo morse en capacidad y velocidad. Aún así el morse como código y el CW (continous wave, onda contínua, radiotelegrafía) como modo de transmisión siempre permanecen ahí como los más básicos, simples, robustos y efectivos sistemas de envío de información.

Han sido muchos los intentos de eliminarlo definitivamente. Siempre bajo presiones tanto políticas como económicas, primero fue decretado su abandono en las comunicaciones marítimas, pasando por toda clase de instituciones que lo abandonan por considerarlo una forma de comunicación desfasada y obsoleta para a continuación, ante problemas, incidencias, catástrofes o calamidades, volver a hacer uso de él periódicamente como medio alternativo, y finalmente en la propia radioafición de casi todos los países donde se eliminó la obligatoriedad de su conocimiento para la obtención de licencias ante el descenso de afición, dando como resultado la perplejidad entre muchos aficionados que lo consideran como un desprestigio de la actividad.

Manipulador morse casero

Como reacción, el morse ha resurgido de sus cenizas y se ha intensificado su uso en todas las bandas, se reivindica como un orgullo y son muchos los aficionados que solo usan el CW como medio exclusivo de operación. Se ha llegado incluso a proponerse ante la UNESCO para ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad, al fin y al cabo el morse es la más antigua y básica forma de comunicación en tiempos modernos, íntima y estrechamente ligada al nacimiento de las primeras comunicaciones y de la propia radio. Después de casi 175 años ya de existencia se intuye que el morse es uno de esos sistemas básicos de comunicación que permanece mientras lo demás cambia o se transforma.

Aún continúan en activo las emisiones morse en radiofaros de ayuda en la navegación aérea NDB y VOR, con o sin decodificadores, y pilotos y controladores deben estar familiarizados en el código para intercambiar mensajes en el caso de que las demás comunicaciones estén comprometidas, aunque en el caso de las balizas es probable de que en el futuro sean reemplazadas por satélites. Se continúan expidiendo licencias de operador radiotelegrafista como por ejemplo en Estados Unidos (FCC tipo T, comercial), y en el ámbito militar, formando en el morse a reducidos grupos de personas al año.

En definitiva, a pesar de que ha sido oficialmente desincentivado de forma activa desde las más altas instancias por razones que no tienen nada que ver con su utilidad, el CW (modo de transmisión) y el morse (código), independientemente de estar ampliamente superado en capacidad y velocidad por los medios actuales, continúa siendo en pleno siglo XXI tan eficaz, valioso y práctico como desde los primeros días. El CW sigue siendo el modo más efectivo de comunicación, el de menor ancho de banda, con el que mejor se filtran QRM e interferencias tanto al recibir como al emitir, de 10 a 20 dB de ventaja frente al modo SSB, el que mejor utiliza y economiza las bandas, el de mayor penetración y con el que más contactos DX se logran con menor potencia de transmisión, el más barato y simple a la hora de adquirir o construir transceptores sin necesidad de emplear fortunas en equipos, el más sencillo para desplegar antenas y el más abordable desde el primer día para hacer QSO's con estaciones de cualquier lugar del mundo gracias a su especial lenguaje de abreviaturas, señales y procedimientos independientemente de idiomas o acentos.

Entre las ventajas de toda la vida sobre el morse:

Blinker

Actualmente el morse está integrado totalmente en electrónica e informática, y existen herramientas realmente insuperables para el aprendizaje, pero contra todo lo que pudiera parecer no hay capacidad de proceso que pueda igualar la calidad de codificación o descodificación de señales frente al oído humano que, bien entrenado, será siempre superior con señales que por ejemplo no se diferenciarían del ruido existente, de las interferencias, del desvanecimiento o de la irregular, mala o especial manipulación de quién envía el código. Debemos tener en cuenta que una recepción manual siempre se descodificará mejor por un oído entrenado que por un programa informático o un equipo electrónico por muy ajustable que sea.

Como es lógico es requisito indispensable que, tanto remitente como destinatario, deben tener un dominio mínimo del código que siempre consiste en un período de práctica en recepción y envío con ejercicios de mucha repetición que podrían parecer más difíciles de lo que en realidad son pero que se basan en la práctica y en la experiencia. Es decir, el morse es en realidad un nuevo idioma, mucho más simple, pero que debemos aprender desde cero a base de reiteración contínua.

La forma más común de expresar la velocidad en una comunicación morse es mediante palabras por minuto - p.p.m. (w.p.m. en inglés) y dado que la longitud de los caracteres no es constante se utiliza la palabra estándar "PARIS" de cinco caracteres (con el añadido del espaciado entre palabras después de la S). Esto da como resultado un total de 50 elementos (pulsos cortos, pulsos largos, espaciados entre pulsos, entre caracteres, entre palabras). A partir de esta secuencia se calculan los caracteres por minuto (c.p.m) y las palabras por minuto (p.p.m.). Otra palabra estándar es "CODEX " (con un espaciado entre palabras al final), usada para calcular la velocidad media cuando se envían grupos o lenguaje no claro, con un total de 60 elementos.

Basado en todo esto, la duración de un elemento (unidad, pulso corto o punto) se calcula con: T = 1200 / P donde T es la duración del elemento (unidad, pulso corto o punto) en milisegundos y P es la velocidad en ppm. Una velocidad mínima para empezar sería de unos 10 ppm, una aceptable sería de unas 14-15 ppm. Con la práctica y la experiencia podríamos llegar a las 20-25 ppm o más incluso.

A la hora de transmitir con manipuladores, especialmente cuando se trata de las clásicas llaves manuales verticales, y a fin de que el código resulte lo más legible y nítido posible, es esencial mantener un buen equilibrio y exactitud en la duración de pulsos cortos y largos (puntos y rayas) y espaciados entre ellos, entre caracteres y entre palabras.

La estructura básica del espaciado del código morse con la que podríamos partir para conseguir un equilibrio armonioso sería aproximadamente la siguiente:

Esta proporción puede variar ligeramente al enviar código de forma manual, los pulsos largos pueden ser algo más extensos que otros o los espaciados podrían variar, pero esto es algo intrínseco y característico en el morse. Ninguna persona manipulará exactamente igual y pueden notarse grandes diferencias entre una y otra pero si el ritmo y los caracteres están bien formados el código resultante sonará bien en todos los casos y se puede incluso comprobar con decodificadores. Al contrario, si no se controla armoniosamente el ritmo y el espaciado, se producirán caracteres rotos en otros dos, sonidos de caracteres que se unirán con otros, sonidos irreconocibles y confusión en general.

Uno de los mejores ejercicios para adquirir memoria es escuchar y anotar, en sesiones frecuentes pero no demasiado largas, grupos de cuatro, cinco o seis caracteres aleatorios (letras, números, signos, abreviaturas) que no formen palabras entendibles ni lenguaje claro para no anticiparnos por deducción. Es importante también que en las prácticas intentemos escuchar a una ligera mayor velocidad de la que seamos capaces para no estancarnos y entrenar mejor el oído.

Otros métodos muy efectivos para aprender morse (ver software) son, por ejemplo, el espaciado Farnsworth, un viejo procedimiento que ya se venía utilizando mucho tiempo atrás y que lo popularizó Donald R. Farnsworth (W6TTB) a finales de 1950 y que consiste en practicar en la recepción o copia desde el principio con velocidades altas (entre 15 y 25 palabras por minuto o más) pero distanciando mucho más la separación entre ellos, de esa forma nos acostumbramos a identificarlos y reconocerlos por su sonido con suficiente tiempo de reacción entre uno y otro. Es decir, dejando a un lado el espaciado tradicional, se aumentan mucho más las distancias entre caracteres mientras éstos suenan a velocidades elevadas. Este sistema se suele combinar con el método Koch, desarrollado por el psicólogo alemán Ludwig Koch en la década de 1930 que consiste en comenzar por aprender con series partiendo de solo un par de letras y añadiendo nuevos caracteres a medida que mejoremos los aciertos.

Se incluye un método muy básico de iniciación para quienes quieran intentarlo desde cero, desde los dos caracteres más sencillos hasta el alfabeto completo.

En las simulaciones de estas páginas no se utiliza el espaciado Farnsworth pero la mínima velocidad permitida para ejercitar y reproducir los audios es de 10 ppm. Empezar a ejercitar con velocidades menores a ocho / diez caracteres por minuto suele ser demasiado exasperante, poco práctico y lento, incluso contraproducente para empezar desde cero.


El alfabeto morse estándar es el internacional representado aquí y derivado del antiguo código morse original, conocido hoy como americano o Railroad Morse, todavía usado pero casi extinto.

La idea original de Samuel Morse fue la de un código compuesto únicamente por números y un libro de claves para transcribir luego a caracteres. Además la idea de Morse era la de que los mensajes se debían decodificar sin la intervención del operador mediante el impresor, algo que con el tiempo terminaron haciendo los propios operadores a oído. Sin embargo este sistema numérico resultó ser excesivamente tedioso y sujeto a errores para los operadores por lo que su estrecho colaborador, Alfred Vail, ideó el primer código alfanumérico con un trabajo de documentación en un periódico local sobre las letras estadísticamente más usadas, así la letra "e", por ejemplo, correspondía a la estructura más sencilla, el punto (pulso o señal corta), por ser el caracter más habitual en inglés. Este primer código era algo más sencillo en general porque predominaban sobre todo los puntos o pulsos cortos, resultaba ser un 5% más rápido que el internacional, pero algo extraño desde el punto de vista actual porque algunos caracteres incluían espaciados internos, pero supuso una enorme ventaja y mejora con respecto a la idea del código numérico de Samuel Morse. Sigue siendo a día de hoy objeto de debate y discusión sobre quién creó esta estructura alfanumérica pero existe documentación suficiente para atribuir a Vail la invención del primer código aunque su nombre y autoría cayesen en el olvido.

Con el éxito y la rápida expansión del morse, surgieron variantes en muchos países pero la más importante fué la del alemán Friedrich Clemens Gerke que en 1848 reorganizó y cambió cerca de la mitad del alfabeto y todos los números dando lugar al código continental que se aprobó como estándar en el Congreso Internacional de Telegrafía de París en 1865. El morse original continuó usándose durante varios años en telegrafía terrestre en todo el continente americano hasta su progresivo deshuso siendo uno de sus últimos reductos la red de ferrocarriles mexicanos y en general los países de Centro y Sudamérica. Con la coexistencia de los dos formatos, mezcla y a veces confusión entre operadores, se terminó por establecer una última y definitiva variación, el código internacional, aprobado en 1912 en Londres y en adelante por la recién creada ITU en 1932 en Madrid, al fundirse las dos organizaciones internacionales existentes, la Unión Telegráfica y la Unión Radiotelegráfica.

Existen muchos otros alfabetos alternativos como el wabun o japonés, chino, coreano o SKATS, otras variantes orientales, griego, ruso, árabe, turco, etc. Además, dependiendo del idioma, existen muchos caracteres con tildes, especialmente vocales, ampliamente usados aunque no figuren en la especificación internacional, y que normalmente se suelen reemplazar por la variante sin tilde a fin de simplificar.

En el código morse no se diferencia entre mayúsculas y minúsculas por motivos obvios de simplicidad y abreviación; los mensajes, telegramas y radiogramas siempre se han representado tradicionalmente en mayúsculas. De hecho uno de los métodos más extendidos entre los operadores más entrenados en los tiempos de gran actividad fue el uso simultáneo de la recepción a oído y la escritura del mensaje en máquinas de escribir especialmente preparadas con letras exclusivamente en mayúsculas. No se trata en realidad de un juego de caracteres como lo entendemos en la actualidad sino más bien la asignación de un patrón a cada símbolo (traducidos luego a tonos, golpes, luz, etc.) Recordar que los puntos y las rayas son solo una representación gráfica para en principio entender la lógica, debemos centrarnos en captar y entender el sonido y la cadencia única de cada caracter con sus pulsos cortos, largos y espaciados.

siguiente: El alfabeto morse



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